¿Somos los responsables de nuestra paz o de nuestro sufrimiento?19 hábitos que nos alejan de la serenidad
La mente es capaz de hacer del cielo un infierno o del infierno un cielo. ¿Qué elegimos construir con la nuestra?
La mente como lugar
John Milton escribió en su Paraíso Perdido que «la mente es su propio lugar: puede hacer del cielo un infierno o del infierno un cielo». Esta idea aparece también en distintas tradiciones espirituales y, para los más escépticos, en disciplinas como la psicología o la neurociencia, donde se ha comprobado que la mente es capaz de enfermar a una persona o de fortalecerla. Así de poderosa es nuestra conciencia.
La fórmula de la tranquilidad mental no es muy enigmática. Por siglos se han sugerido ciertos caminos que el ser humano puede seguir si quiere vivir en paz consigo mismo. Las indicaciones están ahí, pero a veces somos nosotros quienes no queremos escucharlas o no estamos listos para seguirlas.
A continuación, 19 hábitos que suelen impedir a una persona alcanzar esa serenidad. No se trata de señalar para juzgar, sino de mostrar e invitar a la reflexión. Como dijo Walt Whitman: «Nadie más puede recorrer este camino. Tienes que recorrerlo por ti mismo.»
Los 19 hábitos que nos alejan de la paz
¿Qué pasa si te equivocas? Atiende eso tuyo que se incomoda cuando no tienes razón, para que eventualmente deje de importarte tanto.
La vida es impredecible. ¿Sigues dispuesto a pagar el precio emocional de querer controlarlo todo? Reduce ese control a lo que sí puedes ver: tus propias emociones, reacciones y decisiones.
Culpar a otros solo evita que te hagas responsable de aquello en tu vida sobre lo que necesitas tomar las riendas.
¿Cuánto de lo que crees que eres son palabras que escuchaste una y otra vez hasta aceptarlas como verdad? ¿Y si te atreves a ser de otra manera?
Nunca sabrás de qué eres capaz si antes no lo intentas. Nunca podrás salir de un lugar si no te atreves a dar los primeros pasos.
La verdad no existe: existen interpretaciones subjetivas de hechos. Comprender y escuchar es mucho menos desgastante que intentar imponer una verdad.
Cuando la queja se convierte en hábito estéril hace a las personas infelices, envenena el entorno y deja el mundo tal como estaba antes de la queja.
La crítica constante hace que vivas en un mundo de insatisfacción permanente, donde nada es nunca de tu agrado. ¿Así es como quieres vivir?
¿De qué sirve la culpa? No es más que una tortura inútil que se impone a nuestra capacidad de disfrutar. ¿Imaginas una vida sin ella?
Si dejas de vivir para los demás y comienzas a vivir para encontrar tu propia plenitud, tu vida adquirirá otro rumbo, mucho más tranquilo y satisfactorio.
La mente genera la mayor parte de sus propios obstáculos. Reconocerlos no es una condena: es el primer paso para elegir de otra manera.
La vida está en cambio permanente. Resistirse solo da origen al sufrimiento, pues al final la vida misma encuentra su cauce a pesar de nuestras oposiciones.
Hay dolores que es necesario dejar ir. A veces aprendemos a vivir en el dolor y después olvidamos cómo salir. Deberás aprender a continuar con tu propia vida, encontrando otras formas de mantener vivo ese afecto.
Pensar que somos o no somos de tal o cual modo es solo una etiqueta que recibimos cuando no teníamos mucha oportunidad de elegir. Limitarnos a nosotros mismos dando esos límites por verdaderos es lo más lamentable.
El miedo es una de las barreras más poderosas pero también más ilusorias de la mente. A veces basta atreverse a hacer lo que más tememos para descubrir que era solo una sombra: échale luz y desaparece.
La procrastinación, el miedo, las críticas innecesarias: todo ello son pretextos que surgen de tu propia mente y te impiden avanzar hacia lo que realmente quieres.
Si vives añorando lo que fue, difícilmente podrás disfrutar lo que es. Llegará el momento en que necesites soltar el pasado para vivir realmente tu vida.
Nunca tendrás paz si vives torturando tu alma con resentimiento. A nadie le es útil ese veneno, y mucho menos a ti. Reflexionar sobre tu resentimiento puede ser el primer paso para sanar esa herida.
En el budismo se dice que el apego es el origen del sufrimiento. Vivir apegados a ideas, hábitos y personas puede impedir que recibamos de lleno la existencia en todas sus posibilidades.
No esperes nada de nadie. Ni de la vida, ni de los demás, ni siquiera de ti mismo. A cambio, ¡vive! Abandonar las expectativas te permitirá dejarte sorprender por la existencia, conocerte mejor y vivir las relaciones con los otros en naturalidad y armonía.
¿Qué quieres elegir?
Ninguno de estos hábitos es una condena. Son patrones aprendidos que, una vez reconocidos, pueden comenzar a transformarse. La responsabilidad no es una carga: es el único lugar desde el que es posible el cambio real.
La pregunta no es si puedes vivir de otra manera. La pregunta es si estás listo para intentarlo.
Lectura recomendada: Si alguno de estos puntos te ha resonado especialmente, puede interesarte profundizar en cómo la incoherencia interna impacta en nuestra vida cotidiana. ¿Estamos realmente viviendo en coherencia?, también de Sonia Chamorro, es una buena continuación.
¿Reconoces alguno de estos patrones en ti?
Identificarlos es el primer paso. El segundo es no tener que trabajarlos en solitario. Cuéntanos qué te ocurre y te orientamos sin compromiso.